Diario de una filóloga arrepentida
miércoles, noviembre 01, 2006
Con ocho basta
No os dejéis engañar por el título. Efectivamente, tal y como prometí, voy a contar el Halloween de Pollo en este post, pero tendréis que esperar hasta el final. Porque es la parte más impactante, más que nada.
Empecemos con el tema clave de esta semana: "el nuevo" y "el acoplao". La Mari, nuestra amada casera, llamó el viernes pasado para prevenirnos de que había cumplido su amenaza, que consistía en buscarle un compañero de cuarto a mi compi, en caso de que no lo encontrase por sí mismo. Le indicó que se llamaba Rubén y era español, y le dió su número para llamarlo y que quedasen los dos para enseñarle la casa y la habitación al nuevo inquilino. ¡Ojo al dato! Porque la Mari es un as de las finanzas hasta el mínimo detalle: en vez de llamar a los 2, llama sólo a uno, y que le enseñe la casa al nuevo; con lo cual se ahorra también el gasto en gasolina de acercarse a la casa 2 veces: para enseñarla y para cobrar. Ah, si a ella le dejaran las riendas de Microsoft, el Linux tendría los días contados, así hiciera falta presionar a la ONU para que el derecho al software no-libre formase parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La raza humana puede dar gracias de que La Mari no tenga poder más allá de sus trapicheos de alquilar casas en esta calle. Que nosotros sepamos, tiene 2, a siete estudiantes en cada una y más de 300 euros por cabeza... La Mari es rica. Por eso, tiene un teléfono móvil de últimísima generación (el tema negocios hay que llevarlo con profesionalidad, ya se sabe.) Pero, ante todo, sabe que hay que ahorrar durante las buenas épocas por si llegaran tiempos peores. Por eso ahorra... en el móvil de su marido, que es, como muy reciente, de 1997 y en la paga de su hija. De ahí que el primer día de pago tuviese problema para darme diez euros de vuelta: el último billete de 10 se lo había dado a su hija. Estaréis pensando que eso será mucho o poco dependiendo de la edad de la criatura. Nooo. Da igual. En Irlanda con 10 euros yo creo que no te compras ni un Chupachups marca Tesco.
A lo que íbamos: en el tiempo que tardé en ducharme, Rubén se nos había caído de la convocatoria. No, no había venido a casa, visto los restos de suciedad de Vaca y sus tazas y huído. Había mandado un sms diciendo que había encontrado otro sitio (ah, amigo Rubén, tú que puedes. No sabes qué bien has hecho.) La Mari, rápida como las balas, ya había encontrado un nuevo candidato a inquilino (recordemos que todo ésto ocurrió mientras yo me duchaba, a ver si os creéis que ella va a perder euros y euros otro mes con una cama sin alquilar... Hay que moverse rápido.) El nuevo candidato, checo para más señas, inexplicablemente vió la casa (incluídos los 15 botes de champú, gel y acondicionador que se apelotonan alrededor de la bañera) y decidió quedarse. Al menos es majo, aunque se pasa el día trabajando y apenas le vemos por casa.
El domingo se instaló definitivamente y de lunes tarde, si ya éramos pocos... parió la abuela. Pollo apareció, con esa carita inocente de la vida que tiene, con una preciosa noticia: se traía a su boyfriend del pueblo, con el propósito de que el chico "stays for the week". Si, hombre, Pollo dí que sí, que sólo somos 7 en esta casa y todavía queda sitio para maniobrar en la cocina a la hora de la cena. Si es que estamos derrochando espacio... Miedo me da que la Mari se entere de que aquí estuvimos ocho durante una semana. Ésa nos reforma el salón en dormitorio en un pis pas y nos mete otros dos ahí, lo que yo os diga. Así que actualmente en esta, nuestra muy muy humilde morada, nos encontramos con la siguiente cantidad de personas: Vaca, Pollo, dos estudiantes de Enfermería, boyfriend de Pollo, mi compañero de Filología, el checo y yo. Que el título de la serie no tenía razón: con ocho no basta, con ocho sobran. Pero un huevo, además.
Así que aquí me encuentro, en un ambiente superpoblado cual país africano en vías de desarrollo y con una nevera que no da más de sí.
Para terminar, vamos a retomar el asunto "Pollo: sé lo que hiciste el último Halloween." Nuestra querida Pollo estuvo preparando en casa los disfraces con sus amigas, mientras ponían música chupiguay y montaban bastante jaleo. Las dejamos hacer porque, al fin y al cabo, Pollo y ocho amigas nunca llegarán a molestar la mitad que Vaca ella sola. Después de decirme que estaba muy mona de guerrillera (será la novedad de no ir de putialgo), me hicieron un desfile con sus disfraces. Cabe destacar la mejor amiga de Pollo, rubia platino que está haciendo oposiciones a conseguir la misma figura que Vaca, vestida de pies a cabeza de rosa en todos sus diferentes tonos. Creo que iba de Barbie, pero bueno, en fin. El caso es que Pollo iba vestida de bruja. Salieron de casa antes que nosotros para la fiesta en el bar de la universidad (la de los alemanes borrachuzos, por si nos estamos perdiendo) y no las volvimos a ver hasta altas horas de la noche... aunque habría sido casi mejor no hacerlo. En aquellos momentos, mi compi me hizo notar que había por ahí un gorro de bruja y una camiseta a rayas (en su pueblo las brujas llevarán camisetas a rayas, yo que sé, a mí también me pareció raro) que nos resultaban familiares. En esto que estabamos mirando a Pollo y su grupito cuando........... "AAAAAAH, POLLO, POLLO, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO, POR EL AMOR DE DIOS?"
Ah, la anteriormente considerada inocente Pollo, cerveza mediante (no creo que necesite más de una, la criatura), agarró el culo de un joven y fornido irlandés... y salió corriendo. Bueno... no creo que esperase pasar muy desapercibida con el gorro y la camiseta a rayas. Quizás tuvo suerte de que el chico estuviera lento de reflejos.
Al día siguiente no teníamos muy claro que aquello no hubiese sido una alucinación, así que mi compi, cruel como él solo, se decidió a preguntarselo directamente a la hora de comer. Pollo negaba y negaba, pero ahí estaba su amiga Barbie bocazas, que nos dió la razón y la hizo reconocerlo. Ay, Pollo, no nos esperabamos ésto de tí. Buu, y tu novio del pueblo, ni te cuento. Qué fuerte, Peren, qué fuerte.
Etiquetas: casa, Pollo, Vaca
Posted by la_filologa ::
5:42 p. m. ::
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sábado, octubre 07, 2006
La vida feliz, la vida sin Vaca.
No os dejéis engañar por el título, Vaca no se ha ido para siempre. No ha sido tragada por un (gigantesco) agujero negro, no se ha fugado a vivir la vida loca con el boyfriend y su bicicleta, no ha muerto tratando de superar su record mundial de cena inmensa (deberíais ver los platos, a-sus-tan). Simplemente, se ha ido de fin de semana. Al principio, al verla mochila en mano, sospechamos que se iba de vuelta a casa para asistir a la misma boda a la que irá Pollo el sábado. Craso error. En su familia saben bien quién es esta elementa y que, en caso de invitarla, probablemente se zamparía hasta los caramelos de los niños y asustaría a los invitados con su vestido rojo ajustado estilo no-dejo-nada-a-la-imaginación, así que nasti de plasti, sólo Pollo asistirá a la ceremonia. Vaca anunció el miércoles que se iba con sus amigas de excursión, en plena noche se largó mochilla al hombro y pelos (cuatro) al viento. Fue abandonar ella la casa y... todo empezó a ir como la seda.
Esa misma noche, encendí mi portatil con la intención de probar el cd-rom de alemán y cuál es mi sorpresa cuando... se conecta expontáneamente a internet. A la conexión de sabe-Dios-quién, no importa. Lo único que importa es que yo tengo internet en mi misma cama (en la que me encuentro ahora mismo). Al día siguiente por la mañana, nos dirigimos al famoso Dublín 1, encontramos la oficina a la primera, había mucha cola que fue bastante rápida, aún así. Nos tramitaron la PPS sin ningún problema y nos la enviarán a casa en 10 días. Poco parecía que fuese a mejorar el día cuando, al llegar a casa, me encontré un paquete verde de importante tamaño. He ahí el enviado por Correos por mis padres, con jamón envasado al vacío, otros entremeses varios que me pueden solucionar la vida bastante a menudo, la bufanda del Sporting y alguna prenda de ropa que necesitaba y no me había cabido en la maleta.
El ambiente en casa ya tenía otro tono diferente, menos tensión, menos porquería también. Para ser sinceros, Vaca es, literalmente, bastante cerda. Sin embargo, no por irse recogió el rastro que va dejando por ahi e, incluso hoy, dos días después de su huída nocturna, nos hemos encontrado en el suelo del salón, al pie de una butaca, una taza suya... aún con Cola-Cao. Pero todo parece diferente: el cielo más azul, el mundo más bonito, la universidad más interesante, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, a todos nos sale genial la comida y no se nos pega nada ni en el grill ni siquiera en la sartén chunga, mis amigas que están de Erasmus en Galway van a venir a verme este fin de semana... Es todo como un pequeño milagro.
Y, hablando de cosas bonitas, porque no todo en casa son crisis y horror, lo de hoy. Las dos chicas que viven conmigo y estudian Enfermería habían accedido, sin ningún problema a mi petición de que mis dos amigas se quedasen a dormir el sábado en su habitación (ellas se van todos los findes de vuelta a casa). Como le dije a una de ellas, me habían hecho, con eso, un regalo de cumpleaños estupendo. Hoy se marchaban mientras nosotros estabamos en clase. A la que salimos, yo me quedé hablando con las chicas simpáticas de Canarias y Barcelona y mi compañero de piso se fue a la biblioteca (por aquello de Internet gratis, no porque sea muy amante de la lectura). Después de la charleta con las chicas simpáticas, voy directa a la cocina a hacerme la comida, cuando me giro para ver si necesito limpiar la mesa y veo... ¡otra taza mediada de Cola-Cao de Vaca! Noo. Bueno, sí. Me explico, la taza estaba allí, pero la visión de la mesa que nos importa ahora y que me importó a mí en ese momento fue una bolsita rosa con un sobre a mi nombre apoyado en su lateral. Y ahí estaba una tarjeta de felicitación de las enfermeras, un osito, una tableta de chocolate y unas gafas verde-Irlanda gigantescas. Y yo, como es lógico para todos los que me conocéis "in person"... me puse a llorar. Me alegré bastante de estar sola en casa, así que me harté de moquear de la emoción todo lo que quise y, después, me zampé un bocata de chorizo de Pamplona del que me mandó mi madre... y un trocito de chocolate de las enfermeras. Porque yo lo valgo.
PD: Esta noche, suena un sms en mi móvil español. Mensaje de Carmen para felicitarme. Me hace gracia que, con el asunto del cambio de hora, en España ya era mi cumpleaños, pero aún no en Irlanda. ¿Quieres saber, Peren Aleteadora, qué hacía la ilustre cumpleañera en los momentos en los que le llegaba tu felicitación? Estaba, falta de todo el glamour que a tí sí te caracteriza, aunque a mí no, fregando la mismísima taza del váter de abajo. Sí, mi mayor felicidad de esta tarde consistió en poder hacer mi propio auto-batallón de limpieza y dejar la casa decente aprovechando la ausencia de Vaca. Ah, pero cuán era mi satisfacción al ver que ya no había tazas usadas puestas por cualquier lado, ni revistas tiradas por ahí y que, por fin, por fin, POR FIIIN había conseguido quitar ese olor extraño que te echaba para atrás según abrías la puerta del baño de abajo y que te hacía adentrarte allí sólo en caso de extrema, extrema necesidad.Etiquetas: casa, Vaca
Posted by la_filologa ::
3:01 a. m. ::
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