Diario de una filóloga arrepentida

sábado, mayo 27, 2006

La cosa está muy malita

Cuando tienes en perspectiva irse de Erasmus todo un curso, te das cuenta de la cruda realidad: eres pobre como las ratas. Así que necesito trabajo para este verano. Y no trabajo de dar un par de clases particulares de inglés a la semana. No, no, no. Trabajo de ganar PASTA, así en mayúsculas, con explotación laboral de por medio si hace falta. En un principio, había descartado el freir calamares en la Feria de Muestras de Xixón, pero me parece probable que tenga que dejarme de tanto remilgo. Ayer me compré un periódico todo enterito de anuncios por palabras y me dí cuenta: la cosa está muy malita.


Bueno, diréis vosotros, estará muy malita depende para quien. Y tenéis razón, oye. Para las (putas) profesionales del sector lujuria, va todo genial. Para qué contaros. En una columna me dediqué a contar: de un total de 17 anuncios, 8 buscaban trabajadoras del sector, mientras que el último solicitaba un puto chico dispuesto a complacer los deseos sexuales a cambio de una interesante remuneración económica.
En fin, que pensé que a lo mejor lo de los calamares no está tan mal y, además, te dan un gorrito de cartón para lucirlo durante tu jornada laboral en pleno agosto. Ya noto como la simple perpectiva del trabajo me va dignificando.
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martes, mayo 23, 2006

Te voy a dar yo a tí very disappointed

Anoche cuando apagué la luz, cerré los ojos bien fuerte y me dije: “Duerme mientras puedas, que como las noticias de mañana digan que has supendido el exámen, vas a tener que sacar horas para estudiar eso de debajo de las piedras.” En cuanto puse el pie en la facultad esta mañana, me empezó a entrar el mal rollo, se me cayó un poco del té con limón (bueno, o el sucedáneo de esa bebida que hay en las máquinas) y refunfuñé de camino a clase. Al menos nos reimos un rato con los titulares extraños del Qué! (¿quién redactará ese periódico?) antes de la asignatura del Profe Plasta.
Cada vez que llegaba alguien nuevo a la entrada del aula, me acordaba de que hoy eran los resultados y se me empezaba a poner cara de angustia. Ya con la clase empezada, no fui capaz a enterarme ni de la mitad de la presentación de Cris. Alba happy entró tarde y se sentó en la fila de detrás. Giré la cabeza y vocalicé (parece que con suficiente claridad, porque se enteró a la primera): “¿Estás nerviosa por lo del exámen?” “Sí. Buff.”
En nuestra hora libre, ordenabamos en conjunto los apuntes de literatura mientras yo me tomaba el segundo té del día (única y exclusivamente porque me daba vergüenza pedir una tila). Eramos conscientes de que, en esos mismos momentos, los alumnos del grupo A estaban recibiendo los exámenes. Alba happy y yo, hechas un manojo de nervios, nos dirigíamos hacia la única clase que nos quedaba antes de la hora fatídica cuando Alba iamsogreat (que es del grupo A) nos interceptó a medio camino: “Menganita suspendió.(Menganita es nuestra delegada de clase) Y la profe dijo que estaba very disappointed”. De lo que dedujimos que habría más suspensos. No fuimos capaces de enterarnos de nada en literatura. Alba porque yo no la dejaba y yo porque no paraba de repetir: “Menganita suspendió. Y Menganita es más lista que yo. Voy a suspender. Y, si suspendemos, ¿qué?”
Después de muchos suspiros, caras cada vez más largas y de asaltar de camino al servicio a una compañera que sí había aprobado, entramos y, como dos valientes, a primera fila. Había un total de 8 presentados al segundo parcial. En el primer grupo: 1 suspenso de 3. Sabíamos con certeza que para estar very disappointed se necesitaban más de uno. Nos contó el mismo rollo que a los otros, mientras yo reconocía mi letra y sabía que mi exámen estaba el primero en el montón. Dijo mi nombre, se plantó delante y tardó en entregarme el papel un segundo que me pareció eterno. Me quedo casi conteniendo la respiración y apenas se me cambia la cara. Resoplo y me doy la vuelta antes de que Ana, Cris y Carmen se mueran del infarto, que estaban las pobres casi peor que yo: “Buff. Se me queda un 5 de media”. Resoplido de alivio colectivo. Ana me indica que soy su ídola y Cris, que cambie la cara, que parece que he suspendido. Yo me paso el resto de la clase, durante la cual corregimos el exámen (para que lo vean los que no pudieron ir a parcial), medio ida y no se me acaba de quitar la cara de angustia. No le puedo hacer caso a Cris porque me encuentro hasta mal. Físicamente mal. Enferma, vamos. No sé, mezcla de la acumulación de nervios, del aprobado por los pelos que aún apenas me creo y de que Alba happy, en la mesa junto a la mía, no había aprobado. Durante las siguientes clases estoy mucho más contenta, viendo que mi nunca antes conocida habilidad para la transcripción fonética había reaparecido tras unos días de baja por la tensión del exámen. Hasta llamé a mi madre y a Alba iamsogreat para contárselo. Y ahora… bueno, lo voy digiriendo y ya estoy un poco mejor: como que ya me puedo creer que me he quitado un peso de encima.
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sábado, mayo 20, 2006

¡Cágate, lorito! (de Euroheavies y dolores en el alma)

Ya sé que cuando leáis esto ya no será noticia y demás, pero tengo que ponerlo por escrito porque no puedo ni creermelo… UN GRUPO HEAVY HA GANADO EUROVISIÓN. Cágate lorito. No creí que nunca lo vieran mis ojos. Hay una tipa especialmente ignorante comentando la jugada en la 1. ”Han ganado sólo por la puesta en escena”. Mi madre dice que es tertuliana del corazón. Eso lo explica todo. No me extraña que vivas de contar la vida de Fran Rivera. No das pa’más, maja, no te engañes.
Cabreo del día: mientras prácticamente la plantilla titular del Barça al completo se quedaba en casita reposando la Champions, el señorito Etoo fue a Bilbao a rematar el Pichichi que ya tenía ganado. Pues que le aproveche y, como diría mi tocaya de Aqui no hay quien viva, que se vaya a la mierda un poquito… De estas cosas que tengo constancia de que guardaré con rencor durante años y años. Estoy dolida. En el alma. Pero mucho. Mi padre, que yo creía que pasaba del asunto mogollón, está que no lo supera. Pero, bueno… este verano llegará la revancha en el mundial. Ah, espera, que la selección de Etoo no va, se me había olvidado, oye, qué tontería. Claro, esa misma selección a la que hizo perder la Copa de África fallando un penalti. Llamadme rencorosa, pero lo dicho: éste pasa a mi lista negra (y no es un chiste malo) junto con Lampard y Fernando Torres. Nos veremos las caras la temporada que viene, capullo. ¿Ya dije que estoy muy dolida con el tema? Indignada me hallo.
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martes, mayo 16, 2006

Perseguida por atontaos e incompetentes

Pase que a primera hora de la mañana un zoquete la intente atropellar a una porque no va a lo que va por la carretera. Pase que un atontao se pase todo el puto viaje de Gijón a Oviedo protestanto porque el autobús universitario no recogió a toda la gente en las últimas paradas. Que si no me levanté y le dije a voces: “Cállate, so cansino, que todos los putos autobuses del universitario, absolutamente todos hacen esas dos paradas. Pasarán tranquilamente por ahí el nuestro y otros cinco”, fue porque no tenía ánimos de empezar el día de forma violenta. Y porque, después de un cuarto de hora con la misma cantinela, en vez de decírselo a secas, se lo habría aliñado con una leche. No me explico que la gente pueda ser tan sumamente cargante a esas horas de la mañana.
Pase incluso que le pidas amablemente a la becaria que te imprima unas cosas en la sala de ordenadores de la facultad y se olvide del documento más importante. Pero hasta ahí llegamos. Que te ocurra todo esto en cuestión de horas ya es demasiado. Y súmale que cuando vas a imprimirlo, ya a las 3 de la tarde, no hay nada abierto, luego tienes que volver a la facultad, por lo que te das cuenta de que no llevas encima folios blancos para que te lo impriman, así que tienes que ir a comprar unos. El quiosco más cercano, cerrado. Y, hala, a correr, que el bus pasa a las 3 y media. El becario, alma de Dios, se entera de lo que hay que imprimir, y cuando vas, lo más digna que puedes, a dejar donde los bedeles el trabajo para tu profesora… se han ido a tomar un café. Y dejan ahí el periódico abierto de par en par en las páginas de sociedad, para que tengas bien claro que no es que estén vagueando ahora mismo, es que llevan toda la mañana sin hacer nada, mientras tú te vuelves loca de arriba para abajo, y ¡¡ellos cobran!! Hasta que ya, derrotada, a las 3 y 25, te das cuenta de que no tienes absolutamente ninguna posibilidad de coger el autobús que te permitiría llegar a casa a las 4 (para comer.) Azotas la mochila, la chaqueta que a esas alturas ya llevas en la mano, contra el suelo, mientras te dispones a esperar paciente. Y ahí llega la bedela, con tooooooda su pastimonia. Tras toda tu odisea, dejas ahí el trabajo y te diriges, inocente como tú sola, a la parada del bus universitario, por si aún no hubiese pasado.
Pero no. Pasará tarde absolutamente todos los días menos los dos únicos del año en los que tú vayas justa de tiempo. Coges la cuesta que te separa de la estación de autobús, un camino durante el cual vuelves a estar un par de veces en peligro de muerte por atropello y te encuentras a un atontao con una camiseta celebrando su oviedismo, que te apetece descargar todas tus iras contra él, pero no crees en la violencia en el fútbol. Además, bastante tienes con intentar no morir de una insolación, ni ser atacada por un coche en una ciudad en la que los pasos de peatones están puestos a mala leche.
Así que, a duras penas y ya con una sudada del 15, coronas la cima de la estación de autobuses, sacas la tarjeta para ticarla y… hombre, lo que faltaba para tener un día completito: la máquina está estropeada. Pues, venga, bonita, a sacar un ticket de tu dinerito suelto, a pesar de que aún tienes 10 viajes por gastar en la tarjeta. Y mientras refunfuñas subida en el autobús tras llamar a tu madre para decirle que a las 4 de la tarde todavía estás en la estación de Carbayonilandia, al menos una persona hace bien su trabajo y el conductor sale a la hora indicada.
Record del día: desayunar a las 7 de la mañana y no conseguir comer hasta las 5 de la tarde gracias a una cadena perfectamente coordinada de inútiles en sus respectivos trabajos. La incompetencia unida jamás será vencida.
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domingo, mayo 14, 2006

¡¡¡Veo la luz!!! (o no...)

Veréis, amiguitos, mañana tengo un exámen. Bueno, no un exámen; EL exámen. Si lo suspendo, tendré que coger toda la materia que aprobé de casualidad en febrero y la de éste y plantarme con todo en junio. ¿Y qué pasará si no apruebo en junio? Que habrá que ir a septiembre. ¿Y qué pasará si no apruebo en septiembre? Que tendré que volver del puto erasmus para cursar dos asignaturas de mierrrrda, porque esa es llave para una de quinto. El primer parcial se saldó con unas… no sé ¿tres cuartas partes? de los presentados con suspenso. Los libros son IN-ES-TU-DIA-BLES, así que todo se presenta de puta madre. La alegría y el optimismo me invaden.
Pero, por otra parte… veo la luz. Sí, ayer tuve un flash-back que podría ser una señal de que hay posibilidades. En la asignatura de Lengua Inglesa (tenemos una por curso), hay una parte que te puedes quitar del exámen final mediante dos parciales (al final tienes que ir de todas maneras, pero no es lo mismo, vaya). En septiembre de 2004, al ver los grupos de Champions, pronostiqué: “El Liverpool va a ganarla”. Mi padre se cachondeó de mí. Meses después, el 25 de mayo de 2005, el Liverpool se enfrentaba en Estabul con el Milan mientras yo preparaba mi segundo parcial de Lengua Inglesa para el día siguiente. Dejé los libros a un lado y, más ancha que alta, solté: “Si ganan, es que mañana voy a aprobar”. Cuando los ingleses perdían 3-0 en el descanso, ya la tensión me podía: “Bueno, bueno. Yo sigo en ello. Pero si les meten 5, apago la tele y a estudiar los phrasal verbs”. Y tras el descanso… meten 1. El segundo viene en cuestión de pocos minutos. Hay un penalti a su favor y Xabi Alonso coge el balón para tirarlo. Respira y golpea con la derecha. Dida lo bloca y al rechace Alonso reaparece para marcar con la zurda. El estadio parecía caerse abajo con los cánticos de los aficionados ingleses. 3-3. Prórroga. Penalties. Ganaron. Yo aprobé el exámen al día siguiente. Ayer, el Liverpool jugaba la final de la Copa Inglesa. Perdían 2-0. Igualaron. Les metieron otro. Igualaron. Prórroga. Penalties. Y ganaron. Y yo ví la luz, joder, no puede ser coincidencia. Alba, si me lees antes del exámen, que sepas que podemos: FUE UNA SEÑAL. (Bueno, o me estoy transtornando con este exámen, que también puede ser).
Walk on, walk on with hope in your heart. And you’ll never walk alone…


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jueves, mayo 11, 2006

Mi yo adolescente

Cuando yo era una mocosa adolescente, era bastante gilipollas. Como todos, diréis vosotros, pero insisto. No tengo problemas en admitirlo. Hay que saber mirar atrás, apartar un poco la cortina de la nostalgia y ver la realidad. Lo era. El sábado noche, en el momento post-Dani, post-cervezas a un euro, Alba iamsogreat empezó a reflexionar sobre amoríos y, por aquello de la solidaridad femenina, le conté parte vergonzosilla de mis greatest hits sentimentales. En realidad sólo le conté uno, pero fue un caso especialmente sentido y grave.
Él estaba repitiendo cuarto de la ESO. Se pegaba en la discoteca sábado sí, sábado no (en realidad es que estaba castigado a salir sólo un sábado de cada dos, cuando lo conocí… Bueno, un castigo como otro cualquiera). Y era porrero perdido. Vamos, que para tener 16 años, iba sobradito. Diréis vosotras: “Claro, pero estaría bueno y la carne es débil”. Pero tampoco es que fuese Brad Pitt. “Pues menuda joya”, remacharéis. Pues sí.
Anoche, ya aburrida de mirar y remirar el libro de gramática que no soy capaz de estudiar ni para atrás, me dió por echar un vistazo a la página web de aquella discoteca a la que iba en mis años mozos. Me habían dicho que había fotos antiguas. Y, mientras me buscaba a mí misma entre un mar de fotos pequeñajas e imposibles de aumentar, en las que había 10 personas por instantánea, me lo encontré de lleno. Si, lo admito: me entró un ataque de risa recordando mi gran drama culebronesco-adolescente (ríete tú de los Rebelde Guays esos, no sabéis bien cómo era aquello). Me dí cuenta, además, de que lo de mi mal gusto para los hombres y mi tendencia incorregible a lo chungo y a lo macarra viene de muuuuuuuuy atrás, con lo cual le auguro dificil solución. Y les mandé la mini-foto a un par de amigas que habían oído hablar de él (fue un trauma en mi tierna inocencia adolescente- en mis tiempos no estabamos tan… lanzadas como las de ahora). Están, las pobres, aún impresionadas. Ene Punto Erre Punto entendió muchas cosas y, de hecho, se ofreció a buscarme un médico atractivo (porque ella es enfermera, no porque crea que necesito ayuda profesional). Alba iamsogreat, cuando hoy volvió a salir el tema de primeros amores, se ofreció para “presentarme a alguien”. Y eso que ella ni siquiera ha visto la foto. Con oir la descripción general, le bastó.
Posted by la_filologa :: 4:52 p. m. :: 4 Comments:

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domingo, mayo 07, 2006

Mi noche con Dani

En cuanto me enteré de que Ernesto Sevilla y Dani Mateo actuaban este sábado en Gijón, lo tuve claro: éso no me lo perdía, a pesar de la crítica poco constructiva de mi madre: “¿¿No irás a ver a los atontaos esos de Albacete que están hasta en la sopa??” “No, mamá, no pluralices, que sólo viene uno de esos”. Así que el jueves mismo al llegar de la facultad y aún sin siquiera un posible acompañante, me acerqué a la tienda Tipo a por mi entrada. Tan feliz iba yo tras comprarla, que se me olvidó volver por la misma calle por donde había venido. Tuve que resignarme a quedarme sin mangar el cartel que promocionaba la actuación pegado en la parte de afuera de un escaparate en mi camino de ida. Que era en plan souvenir; no robar por vicio, a ver si nos entendemos. Es lo que tiene haber crecido en un barrio conflictivo: algo siempre se te queda.
En fin, que pasó el jueves, el viernes y llegó el sábado por la mañana y aquí tenemos a nuestra protagonista (vamos, yo) aún sin acompañante. Y venga excusas: que si tengo muchos exámenes, que si esa noche es el concierto de Sabina y la entrada me costó un cojón, que si estoy estudiando en otro país, que si me acaban de operar para sacarme las 4 muelas del juicio… Todo así. Durante la tarde, la cosa se fue arreglando: colamos a Alba iamsogreat en el Fondo Norte del Molinón porque su amiga no había podido venir y, durante el E-MO-CIO-NAN-TÍ-SI-SI-MO Sporting-Eibar (¿Hay-Bar?), Alba decidió que sí, que era definitivo: esa noche me acompañaba a la actuación. Inciso: cada día que pasa me estoy volviendo más despiadada con respecto al fútbol. Me he hecho fiel al “si tu equipo no hace nada para emocionarte, al menos alégrate de las desgracias ajenas” y todos en unión les cantamos a los eibarreses aquello de “A segunda B, a segunda B, aaaaa segunda BEEEEEEEEEE”. Esta tarde se confirmó que sigo en ese plan. Mi padre, que estaba escuchando Carrusel en la radio, asoma la cabeza por la puerta de mi habitación, diciendo (literalmente):”Que alegría, que alboroto… el Cadiz ya está en Segunda”. Mi respuesta (debe leerse en el tono más seco posible): “QUE SE JODAN”. (FIN DEL INCISO)
A las 9 salimos a carreras del estadio. Y yo venga a subir cuestas (¿he dicho alguna vez que a mi barrio no hay manera de llegar sin subir una cuesta, vengas desde donde vengas? Pues si es desde el campo de fútbol, más.) A las 10, era la actuación. Comerse un bocadillo mientras te cambias de camiseta y te peinas suena ciertamente más fácil de lo que es en realidad. Me dispongo a llamar a un taxi. Comunica. Voy a la parada. Ni uno. Caigo en la cuenta: “¡¡Me cago en Sabina!!” Bajé la cuesta a toda leche, murmurando: “Claaro, ¿cómo va a haber taxis? Con la cantidad de puretas que irán a ver a Sabina, no van a ir andando, que luego no aguantan de pie hasta que acabe el concierto. Si este señor no hubiese estado cascao cuando vino al otro concierto de Gijón, no estaría ahora haciendo éste, no estarían todos sus fans montados en taxi mientras yo tengo que ir caminando PORQUE A ALGÚN GILIPOLLAS SE LE OCURRIÓ PONERLO TODO A LA MISMA HORA”.
Llegué al local de la actuación con el tiempo justo y Alba, seria como si fuese a dar el telediario, me dijo: “Que sepas que no viene el guapo”. Yo (a esas alturas ya en tirantes, mientras todo el mundo a mi alrededor iba con sus buenas manguitas largas): “¿El qué? ¿QUÉ? ¿CÓMO?” “El Ernesto Sevilla ese, lo pone ahí”. “Ah, bueno, pues vale. Entramos“, solté, mientras suspiraba de alivio.
Ya dentro, encontramos un sitio desde donde veíamos perfectamente… la columna de delante. Dani presentó a Iñaki Urrutia. El pobre se lamentó de venir siempre a Gijón de sustituto de alguien: “Soy el Guti de la comedia” y empezó un monólogo sobre su pueblo con el que me reí mucho. A cada rato, yo le echaba un vistazo a Alba, por aquello que me había dicho de que estas cosas no le hacían mucha gracia (lo de los monólogos, vaya) y se reía de vez en cuando, así que decidí que tampoco se estaba aburriendo mucho. Tras la primera actuación de los dos monologuistas, se hizo un descanso, como dijo Dani: “Pa’ que os emborracheis ya del todo”. Creímos había estado muy bien escuchar los monólogos, pero eso podíamos hacerlo en casa con sólo encender Paramount Comedy y ponernos de espaldas a la tele. En la segunda parte, sin ánimo de ser exigentes, preferíamos un lugar donde viésemos a Dani e Iñaki. La columna ya nos la sabíamos de memoria.
Entonces, aprovechando la marabunta de gente que se levantó al descanso, nos avalanzamos sobre dos taburetes y, con disimulo (aunque no el suficiente, como se comprobó después), los pusimos un poco más lejos de su lugar original, y felices y en tercera fila, Alba sentenció: “Me parece que este robo ha sido demasiado fácil. No va a acabar así, no”. ¡Cuantísima razón tenía! Cuando ya estabamos tan tranquilas, apareció un chico exigiendo la devolución de las butacas. Pero nosotras nos resistíamos a dar el brazo a torcer: “Ah, no había nadie ocupándolas”. “Porque había ido al baño” “Bueno, chaval, pues te hubieses venido meao de casa. Y si tienes la vejiga floja, no bebes en este rato y ya ves tú que problema”. Al final, intentando poner talante en la situación, se las devolvimos al muy pesao, deseándole, eso sí, que se cayese de la puta butaca y se rompiera los cuernos. Desde el buen rollo, ¿eh?
Nos resignamos a ver la actuación desde la barra, que al menos nos quedaba el escenario de frente, aunque no se oyera muy bien y estuviesemos en medio del paso de todos los camareros del local (y eran muchos, seamos claros). El segundo monólogo de Iñaki acabó con dificultades, interrupciones y bastante coña. Dani le advirtió, en plan voz de Dios, que su autobús salía a las 12 y eran menos 20. Iñaki, cuyo papel de sustituto era el menor de sus problemas, nos confesó que no podía quedarse esta noche de juerga en Gijón y volver mañana en avión como los ricos, “como hace Dani Mateo…” Al día siguiente tenía actuación en la otra punta de España. No había más remedio, aunque el público se entregó en gritos de: “Quédate, quédate”. Ya solo ante el peligro, Dani retomó el mando del escenario, contandonos anéctodas infantiles de sus veranos en Santa Pola. Pero, como siempre, lo bueno se acaba. Con una despedida cariñosa, Dani dejó un escenario que creo que le marcará eternamente: esos carteles luminosos de “NO FUMAR… FUMAR. GRACIAS… GRACIAS”, esas cortinas que puede que lleven allí desde que mis padres iban a esa discoteca… eso no se olvida fácilmente. Lo ha marcado para el resto de su vida, estoy segura.
Alba y yo nos lanzamos, con los pies destrozados, sobre las primeras butacas que encontramos: ¿dónde estaba aquel cabrón ahora para echarnos? ¿dónde, eh? ¿dónde? Nuestra felicidad y nuestros pies descansados no duraron más de 10 minutos. Un trabajador del lugar nos invitó amablemente a abandonar la sala y nos arrastramos, como buenamente pudimos, hasta el primer banco del paseo marítimo. Allí estuvimos viendo pasar a los primeros fans de Sabina que salían del concierto y criticando un poco al prójimo, que es una actividad que hace que se nos pase el tiempo volando. Tanto, tanto, que llegamos a oir ruidillo a la puerta de la sala y Alba me dijo: “¡Míralo, si es el éste que te gusta!” “Que va, no. Uy, que sí” “Sácate una foto con él” “No” “Voy y se lo digo, ¿eh?” “Que no y que no y que NOOOO” (tozuda como yo sola). No dejaba de imaginarme a mí misma y mi bocaza, contándole que cuando me sacaron la muela del juicio, todavía bajo los efectos de los calmantes y ociosa perdida, puse en el Google (qué gran invento) “Dani Mateo” y, cuando me quise dar cuenta, me había hecho de su club de fans. Porque, ¿qué cara se le queda a uno cuando alguien le dice que es de su club de fans? Suena un poco chungo si lo piensas, ¿eh? En fin, que nos limitamos a hacer el capullo en versión pararse a hablar por el móvil mientras lo veíamos pasar y Alba, poco a poco, se unía a mis apreciaciones sobre Dani Mateo. Sobre todo, después de que minutos antes se enterase, para su grandísima sorpresa, de que sólo tenía 26 años: “¿¿26?? ¿¿¿26?? ¿Sólo? ¡No me jodas! ¡Si podría ser mi novio! Bueno… o el tuyo. Por edad, quiero decir”. Como casualmente íbamos en la misma dirección durante un breve trayecto (no porque fuésemos persiguiendolos ahí como dos pedazo de frikis), vimos que las tan odiadísimas adolescentes minifalderas lo reconocían por la calle y lo llamaban ahí a voces desde lejos. Mientras las dos nos tomabamos nuestra merecida caña a un euro en un bar heavy, reflexionamos sobre ese hecho: estaba claro, lo que les pasa a estas niñas es que han visto demasiado “Los hombres de Paco”… ¡qué juventud ésta!
Posted by la_filologa :: 4:45 p. m. :: 11 Comments:

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miércoles, mayo 03, 2006

Todos como putas cabras

El último día antes de vacaciones de Semana Santa, alguien se dedicó a ir repartiendo por las mesitas del edificio departamental de mi facultad conchas. Si, conchas, de varios tamaños y esparcidas ahí sin más ni más. ¿Una oda a la llegada del verano? Lo veo un poco pronto.
A la vuelta de vacaciones, unos obreros se dispusieron a instalar un cono gigante en medio del campus. Cuando tomó forma (bueno, por decir algo) llegamos a la conclusión de que era una cafetera. Hoy me han dicho que, en realidad, es un megáfono puesto boca abajo. Mmm… vale.
El jueves pasado fui a probar el powerpoint de mi exposición en una hora en la que el aula estaba vacía. Cuando volví a salir al pasillo 5 minutos después en busca de un café, me encontré a un tío con una mesa plegable (pero grande, ¿eh? no os creáis que era una cosa discreta, no), un montón de limones, un exprimidor manual y una jarra con medidor. Juraría que pretendía que la gente fuese exprimiendo limones para ver cuánto sumábamos en total en la jarra. Me fui rápido porque temía que si miraba mucho, creyese que estaba interesada y me propusiese exprimirle el limón. Y eso no. ¿El significado subliminal de aquello? Aún sigue la duda.
Ayer mismo, de camino a Relaciones Internacionales, Alba happy y yo nos encontramos en mitad del hall del Departamental a cosa de 5 o 6 tíos arrodillados en el suelo, colocando cosas. Yo diría que alguna de esas cosas eran platos, pero no me hagáis mucho caso. Salimos corriendo.
Y pregunto yo, ¿es necesario que seamos tan raros 24 horas al día, 365 días al año? ¿No podemos darnos una pequeña tregua? ¿Por qué a uno no lo avisan antes de elegir carrera de que en Humanidades todo el mundo está como putas cabras (me incluyo, sólo que al lado de según quien, paso por normal)? ¿Por qué nunca hacemos cosas normales? ¿Por qué ese afán en regocijarnos contínuamente en que somos de Humanidades, luego somos raros y lo raro es guay? AY
EDITO: Hoy, mientras Alba iamsogreat y yo comíamos pacíficamente, criticand… eeeh, conversando en armonía, en la mesa de al lado, un pavo se puso a tocar la gaita. Hijo mío, si por casualidades de la vida algún día leyeses este diario, hazme caso: ese instrumento se fabricó para tocarlo al aire libre, no en un comedor estudiantil. En serio. Y añado: no es la primera vez que nos vemos en semejante situación.
Posted by la_filologa :: 4:42 p. m. :: 3 Comments:

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