Diario de una filóloga arrepentida

viernes, junio 30, 2006

El romance de Katia-Vanessa: capítulo final

Pasaban cinco minutos de las 9 de la mañana cuando Katia Vanessa abría cuidadosamente la puerta del salón de actos con la charla ya empezada. La mirada se le entristeció en pocos instantes, cuando se dió cuenta de que él aún no había llegado. Aunque extrañadas por su tardanza, las perens no perdían la esperanza. Sin embargo, en cuestión de una media hora, Katia Vanessa recordó un hecho clave que se les había escapado. La tarde anterior, su amado David Janer informático se había quedado esperando al director del curso para comentarle algo. La risueña filóloga notaba cómo su corazón se ensombrecía al darse cuenta de que todo encajaba y sus sospechas no podían ser peores: “No podía venir hoy, estaba claro. ¿Cómo iba, si no, a ir a contarle algo al director? Él no habla por hablar. DIOSSSSSS, deberíamos haberlo sabido. ¿Cómo pudimos no notarlo? Si incluso se quedó aquí después de que pasara el libro de firmas: era evidente”, se lamentaba la dama abandonada.
La hora y media de clase se le hizo eterna, mientras se hundía amargamente más y más en el sillón. Sólo quedaba la entrega de los resultados de los tests y la de los diplomas. Las perens luchaban porque Katia Vanessa no se derrumbara al oír su nombre y ser más consciente que nunca de su dolorosa ausencia. Sin embargo, descubrieron que el vínculo del amor seguía ahí, manteniendolos más unidos de lo que creíamos. Ante la entrega de tests y nuestra insinuación de que recogiese el suyo, Katia Vanessa respondió: “No puedo, seguro que lo entregó sin nombre”. Y, efectivamente, como si su amado se lo hubiese transmitido por telepatía, el profe no lo nombro y asumimos que se encontraba, como ella bien había dicho, en el montoncito de los tests con dueños olvidadizos. El momento de entrega de diplomas fue aún más duro para nuestra valiente heroína. El director del curso vagaba sin rumbo de adelante a atrás del aula repartiendolos con poco tino: se las arreglaba para nombrar a alguien de atrás siempre que estaba delante y viceversa. Con el desconcierto y ante la falta de respuesta no tuvo más remedio que repetir dos veces el nombre del gran amor de Katia Vanessa, mientras ella superaba todos los límites del dolor. Afortunadamente, siguió adelante en el orden alfabético y el curso se dió por terminado con un aplauso. El director se dispuso a comentarnos algunas puntualizaciones antes de que nos levantásemos, mientras la peren escritora ponía en palabras lo que expresaba la melancólica mirada de su fiel amiga: “Es tan corto el amor y tan largo el olvido…” Las tres se disponían a marcharse lo más pronto posible del lugar que tan feliz había hecho a Katia Vanessa en otros tiempos y tan desgraciada la hacía ahora. Y entonces…


entonces se abrió la puerta, las perens miraron atrás y se les paró el corazón por un segundo. Era él que venía, incluso después de los aplausos de final del curso, cual caballero andante en busca de su dama. El aula entera contuvo la respiración mientras se acercaba una vez más a su fila y, entre maletines, bolsos, chaquetas y mochilas, hacía camino hacia su asiento sólo para estar 5 minutos más al lado de Katia Vanessa. ¿Cómo expresar la vida que cobró de nuevo el dolorido corazón de la joven filóloga? ¿Cómo resumir su sonrisa tras el último roce de brazos en los sillones? Cuando la peren escritora se planteaba incluso inventar algo nuevo para dar un final mínimamente… bueno, existente a sus lectores, ocurrió aquello. Un final soberbio, impactante. El momento más clave de la historia de la ficción desde aquello de “Luke, yo soy tu padre”. Y esta humilde autora llegó a la conclusión de que, efectivamente, tenía el honor de narrar la historia de amor más grande jamás contada porque nada, nada de lo que hubiera podido inventar habría superado a los hechos ocurridos en realidad.
EPÍLOGO
Las perens hacían tiempo en el vestíbulo mientras una de ellas esperaba a una amiga que tenía un exámen allí. Mientras hablaban alegremente, el joven galán apareció de nuevo,ya con su título debajo del brazo. Con su título y un buen taco de fotocopias. Fue tan impresionante aquello que la peren aleteadora y la peren escritora estuvieron a punto de irse discretamente. Por primera vez en cinco días, vimos como el joven dirigía frases ya no sólo con sujeto, verbo y complementos, sino también adverbios, subordinadas y Dios sabe cuánto más. Boqueabiertas ante ese derroche expresivo por su parte (vino a soltar al menos, al menos, 5 frases enteritas) y, antes de que se despidiera de las perens en general y del amor de su vida en particular, ocurrió un momento especialmente bonito que quisiera compartir con vosotros. Katia Vanessa, con una sonrisa que era incapaz de quitarse de la boca, le indicó que, además del diploma, nos habían entregado los resultados de los tests. “Ya, ya”, le contestó él, tímido, “pero yo no lo puedo recoger porque al mio… no le puse nombre.”










"Katia Vanessa, estaba tan concentrado en amarte con todo mi ser, que se me olvidó que en los trabajos de entregar hay que poner nombre.”
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jueves, junio 29, 2006

El romance de Katia-Vanessa II

Los días avanzan cruelmente hacia el fin del curso de verano y no es esa la mayor dificultad de nuestra entrañable pareja. La timidez, las malas intenciones de terceras personas y los partes para firmar demasiado tempraneros fueron los obstáculos en su camino durante ésta, la primera jornada más allá del ecuador del curso.

Todo comenzó cuando las chillonas y envidiosísimas enfermeras de la fila de delante hicieron un avance inesperado y traidor aprovechando la tardanza mañanera de Katia Vanessa. Conversaban ellas, histriónicas como siempre, con un OINI (objeto ingenieril no identificado o, lo que es lo mismo, uno de los componentes del fondo ingenieril que se sitúa a nuestras espaldas) cuando el galán de Katia Vanessa, apenas levantando la vista de su adorada maquinita de videojuegos, comentó algo. Una palabra. Dos, a lo sumo. La enfermera más chillona, descarada como pocas, vió su oportunidad y le preguntó algo. Poco se imaginaba la brevedad del tiempo que durarían sus ilusas esperanzas: con un “Si”, el chico dió por terminada la conversación. Nada que ver con su galante actitud ante la posterior aparición de Katia Vanessa, a la que, todo sonrisas, informó de que no se había perdido nada importante hasta el momento.

Mientras los amantes de Teruel volvían a las confidencias, los directores del curso cometieron un error imperdonable: pasar la hoja de firmas de la mañana antes de un descanso. Nadie es capaz de imaginar la magnitud del dolor de Katia Vanessa a la vuelta de su café, al descubrir que se había ido sin dejar rastro. Sin embargo, durante las siguientes charlas, su recuerdo se mantuvo vivo. Con ciertas dificultades de concentración, las tres perenganitas completaron un test. Katia Vanessa y la peren aleteadora resultaron ser legislativas (mandonas en términos psicológicos) y la peren escritora, judicial (evaluativa, criticona, llamadme como queráis). Todas muy, pero muy jerárquicas y externas (dadas a hablar y trabajar con los demás.) Tras los resultados, Katia Vanessa no pudo sino lamentar que su amado no estuviese allí para ver sus características. Sin embargo, como mujer emprendedora que es, diagnosticó por sí misma a su yogurín: ejecutivo (sí, sí, lo que tu digas cariño, como a ti te parezca) e interno. “Interno a la máxima potencia”, les comentaba a sus perens mientras le entraba esa risa tonta de los enamorados.

La tarde comenzó con un nuevo vuelco del destino: al llegar al salón, alguien había ocupado el lugar de la peren escritora y hubo que moverse un asiento más allá. Poco después, la okupa se fue a otro lado y, mientras la peren escritora y la peren aleteadora discutían sobre quien tenía que irse hacia allí, ocurrió. El caballero andante de nuestra querida Katia Vanessa entró en escena. Durante unos segundos eternos, las tres perens contuvieron la respiración, contemplando la posibilidad de que eligiese el asiento vacío más cercano: el de al lado de la peren aleteadora. Pero el gallardo joven, sin dudarlo ni un momento, emprendió el camino más dificil y, sorteando mochilas en el suelo y a tres personas, ocupó el sillón de al lado de SU peren: la única e incomparable Katia Vanessa. Durante la tarde se sucedieron las sonrisas cómplices y los primeros amagos de conversación en los que nuestra valiente heroína tenía la iniciativa. “¿Cúantos niveles tiene eso?”, preguntaba ella, coqueta. “Ninguno. Sólo es ésto”, le respondió él. Azorada ante este hecho, que le preocupaba en cierta manera sobre la inteligencia de su amado, fue un poco más allá, “¿Pero cuánto tiempo llevas jugando intentando acabarlo?” “Dos días”, le contestó, mientras ella respiraba aliviada.
Y en esa breve pero intensa media hora llegó el culmen de todo, una indirecta que no podría ser sino un guiño a la joven filóloga. El profesor comentaba lo que ocurría en el cerebro cuando uno se quedaba en blanco en un exámen. La pregunta introductoria del catedrático con voz de cura fue la siguiente: “¿Cómo os ponéis antes de un exámen?”. Se hallaba ese pequeño David Janer de imitación concentrado en su juego sin niveles. Creíamos que no estaba de mente presente en ese aula, pero vaya que si lo estaba. Y vió, en la respuesta a esa pregunta, la oportunidad ideal para soltarle la indirecta a su amada: “Cachondos”, dijo al volumen justo para que la cosa no saliera de dos o tres asientos más allá.
Parece que está en su mundo, pero…
“Sí, sí, dama de risueña expresión, cachondos”
Katia Vanessa, desconcertada y halagada a la vez, llevó su mirada a otro sitio entre risas nerviosas. Tras un test más y pronto, demasiado pronto, la jornada estudiantil finalizó. Katia Vanessa y sus perens avanzaban con la esperanza de un merecido refrigerio mientras el caballero, ese chico a una maquinita pegado, ese joven con un futuro esguince de dedo de tanto jugar, iba en busca de su noble corcel (bueno, vale, coge el autobús, pero con eso no hay quien escriba nada romántico.)
Y así terminó la penúltima jornada de los Romeo y Julieta de los cursos de verano. ¿Aceptará Katia Vanessa las indirectas del apuesto galán? ¿Dejará él, durante una mañana, su maquinita por amor? Es más, ¿terminará el juego de una santa vez? Todo está en vilo, pero hay algo que sí podemos afirmar: los sentimientos del yogurín hacia su Katia Vanessa son innegables. Ella es, sin lugar a ningún tipo de duda, la única persona de todo el grupo a la que el chico le ha dirigido frases, frases: con sujeto, verbo y complementos. Si ésto, en un chico interno a la máxima potencia, no es amor, no sé yo que será.
Posted by la_filologa :: 12:09 p. m. :: 1 Comments:

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miércoles, junio 28, 2006

El romance de Katia-Vanessa

Érase una vez, en una ciudad con bastantes obras y pasos de peatones puestos a mala leche, una dulce estudiante de Filología Inglesa conocida como Katia Vanessa. Era nuestra protagonista una chica risueña y alegre como pocas. Un día, presionada por la necesidad de completar los créditos de libre configuración, comenzó, junto con sus amigas perenganitas - ambas también muy risueñas a la par que guapas, simpáticas e inteligentes - un curso de verano. ¡Cuán equivocada estaba Katia Vanessa cuando pensaba que esa sería una semana más en su vida! La conjugación del azar y unas compañeras de curso con mala leche y ansias por quitar sitios la condujo despacio, pero directamente hacia su gran historia: el amor más puro y bonito jamás contado.
La primera jornada pasó sin más incidentes, pero la mañana de la segunda sería decisiva en esta historia. Se encontraba Katia Vanessa, sonriente y afable como siempre, jugueteando con la perenganita más cercana por su derecha: la perenganita manoeadora. Su inocente lucha de bolígrafos culminó en que sus gafas, bien por azar o por un juego del astuto destino, terminasen cayendo al suelo, pero por su izquierda.
Perenganita Katia-Vanessa no tuvo más remedio que buscarlas de forma discreta, pero ello no fue suficiente. Así que nuestra valiente heroína, armándose de valor, se dirigió al joven de su izquierda: “¿Te importa que te levante la mochila?” En aquella búsqueda sucedió algo que encendió la chispa: una mirada, una sonrisa, un tocamiento de pantorrilla, nadie puede conocer las razones de los enamorados. Poco a poco, se iba forjando tan bella historia. No había duda. El caballero silencioso abandonaba sus revistas y su nintendo para dirigir confidencias a la risueña Katia Vanessa. Ella, con una timidez inusitada, se negaba a confesarles a sus perens lo que ya era evidente. Antes de uno de los descansos mañaneros, cuando ya todos los alumnos habían firmado, nuestro apuesto galán, que era un poco David Janer, le hizo una deshonrosa propuesta a su dama: hacer pellas juntos. Sin embargo, ella la rechazó con tristeza, ante la incertidumbre de no estar preparada para dar un paso más. El triste semblante de la joven durante la siguiente charla, ante la ausencia de su amado inspiró estos versos en la peren-escritora (YOOO, para el que se haya perdido)
“Katia Vanessa está triste
¿qué tendrá Katia Vanessa?
Los suspiros se escapan
de su boca de fresa”
Con las energías renovadas tras un pequeño ágape, nuestra protagonista se dirigía de nuevo a clase con una luz especial en sus ojos: iba a volver a ver a su caballero. Era tal la ilusión que la embargaba que no podía parar de reir ante el más mínimo comentario por parte de las perens. Pronto pasó la primera conferencia, en la que comenzaron los comentarios al oído entre la feliz pareja, mientras las cabreadas y envidiosísimas chicas de delante fulminaban a Katia Vanessa y sus perens con la mirada, sin ningún tipo de justificación. Durante la segunda hora, los trabajos de grupo facilitaron que aquello se consolidara. El apuesto galán, que recordemos que se parecía a David Janer en más bajito, aceptó con valentía el reto de improvisar una exposición oral de un minuto y todo por amor a su dama (y porque de 4 personas del grupo, 3 estaban en su contra, claro). Fue tan romántico su tema, que no quedó duda de que allí había surgido algo.
Mientras Katia Vanessa y sus fieles perens se alejaban discretamente del lugar de los hechos, su amado se despedía con un “Hasta mañana” especialmente alegre. Bueno, o especialmente alegre para lo que es él. La reacción de ella era inequívoca y no pudo negar más ante sí misma y ante las perens sus verdaderos sentimientos: le gustaba de él, ante todo, la idea de que por sus conocimientos informáticos supiese pasarle los árboles de sintáxis a ordenador y, si hubo algo que la ilusionó especialmente, fue esa falta de rodaje que se intuía en las palabras y acciones del joven- parece que muy joven- caballero. Y Katia Vanessa se despidió de las perens que le habían hecho comentarios de ánimo tales como “Dí que sí, que Marujita fue muy feliz con Dinio mientras duró. El amor no tiene edad.” Mientras se iba, hizo una última confesión: planeaba, con premeditación y alevosía, pensar esa noche en su amado príncipe: “Durante dos minutos antes de dormirme”.
Y así concluye, por el momento, el romance de la risueña Katia Vanessa y su adorado y joven galán falto de rodaje. ¿Lograrán superar los obstáculos y a las compañeras de delante envidiosas y consolidar su relación en el breve plazo de día y medio? Todo ello en el próximo capítulo de “Perenganitas: el culebrón.”
Posted by la_filologa :: 9:45 p. m. :: 2 Comments:

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martes, junio 27, 2006

Las perenganitas te lo cuentan todo, todo

Levantarse a las 7 de la mañana es jodidillo ya de por sí. Levantarse a las 7 de la mañana cuando ya has acabado todos los exámenes, porque necesitas hacer un curso de verano debido a que algún listo inventó los créditos de libre configuración más que jodidillo, es una putada.
Sin embargo, ayer por la mañana me encaminé a Oviedo para comenzar, junto con Carmen, esos 132 euros… ese cursillo, digo. La primera sorpresa del día fue encontrarnos una cara conocida en la fila de delante.
“¿Esa no es Vane?” apuntó Carmen, que estaba más despierta que yo. Una vez decidido que sí que era, la llamamos discretamente para que se uniera a nosotras: “Peeereeeeeeeeeeeen, ¿cómo tú por aquí?”
INCISO: Peren, diminutivo cariñoso de Perenganita, que es un gentilicio ampliamente utilizado por cierto sector de los alumnos de cuarto de Filología Inglesa de este año. ¿Sus origenes? En frases habituales de cierta profe, que es incapaz de decir el típico “fulanito” o el un poco más raro, pero todavía común, “zutanito”. Ella utiliza “perenganito” y esa fue una palabra que nos caló muy hondo. Todas somos perenganitas, porque nosotras lo valemos. Además, igual que hay Barbies veterinarias, policias y seguramente hasta taxistas, las perenganitas pueden ser de muchos tipos: Perenganita Katia-Vanessa, Perenganita quejandose de todo, Perenganita escritora, etc, etc. Lo bueno de ser Perenganita es que, como no tienes a Mattel detrás forzandote a una profesión, puedes elegir convertirte en Perenganita-lo-que-sea cuando te de la gana. FIN DEL INCISO PERENGANITO.
Así que, como tres Perens valientes, solas ante el peligro, nos decidimos a triunfar en el curso y a aprender, vamos, una exageración. Nos gustó especialmente enterarnos del detalle de que el Powerpoint triunfa en general y no sólo en nuestro campus. Y es que, ¿cómo resistirse? Si es que te convierte una sosa clase en un carrusel mágico de alegría, luz y color.
Después de una introducción bastante plasta, una tarde entretenida con un profe portugués que traducía “succeed” por “suceder” y “encourage” por “encorajar” y que nos abrió la puerta del conocimiento sobre todos los tipos de motivación en el mundo mundial. Lo mejor llegó con la lectura y reflexión de unos fragmentos de dos libros para niños y jóvenes de primero de carrera que versaban sobre este tema. No veáis el dilema que se traía Gervasio, escribiendole cartas a su ombligo sobre qué eran los objetivos y cómo había que plantearselos. Menos mal que en su facultad tiene quien lo alegre: esa mujer de su vida que se llama Katia Vanessa, cuyo nombre, impresionante en todos los aspectos, ha sido tomado por una de las Perenganitas.
Y, con estas, llegamos a hoy: el día en que las Perens lo contaron todo, todo, todo. Unos tres o cuatro tests nos han hecho tranquilamente y yo empiezo a sospechar… con el cuento de que el curso es en la Facultad de Psicología, para mí que quieren aprovechar y sacar tajada de los aturdidos estudiantes en busca de la escurridiza libre configuración: no sólo pagamos, sino que también somos conejillos de indias para los aprendices de psicólogos.
Que encima uno se mosquea cuando le preguntan según qué cosas. Te dices: Joer, yo no soy tan rara, ¿vale? Por poneros algún ejemplo, entre las motivaciones que teníamos que numerar del 1-nunca al 5-siempre por las que “Yo me esfuerzo en mis estudios”, estaban:
- “Porque quiero que todos vean lo inteligente y voluntarioso que soy”
- “Porque no quiero que las personas que más me importan se avergüencen de mí”
- “Porque no deseo dar una imagen de fracasado ante las personas importantes para mí”
- “Porque deseo evitar el rechazo de mis padres”
- “Porque no deseo que los profesores me tengan aversión” Mira, ahí tenían razón, yo no deseo eso.
- “Porque en el futuro no me gustaría engrosar las listas del paro” Ahí me sentí totalmente de acuerdo y, en un momento de desdoblamiento de personalidad, me contesté a mí misma: ¿Y entonces para qué te metes en Filología Inglesa, chata?
Diréis lo que querais, pero a mi nadie me convence de que ésto no sea un test detector de depresión y transtornos varios. O, para ser más exactos, diremos que los transtornos varios serían más detectables en el otro test, el de inteligencia emocional. Venga una y otra vez que si tienes amuletos, que si crees que la luna influye a las personas, que si te parece que la gente puede introducir pensamientos en la mente de otros, que si piensas que un resultado malo en un exámen puede significar poco menos que la destrucción de todo tu futuro, que si crees en los platillos volantes (tal cual), que si te ofende que otros te insulten sin razón (y con razón también me ofendería, no te jode), bueno, un sinfín. Pero, para concluir, dejaré aquí, para la posteridad, una frase que está escrita a medida para nosotras: una en la que aparece, casi de protagonista, una compañera de clase, y eso hay que destacarlo:
72- No me importa que la gente que sabe menos que yo actúe como si fuese superior y me dé consejos.
Ay… inspirado en ella, como hecho a la medida. En fin, seguiremos informando.
Posted by la_filologa :: 9:41 p. m. :: 2 Comments:

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martes, junio 20, 2006

No soy yo: es un holograma

El viernes noche después de cenar, en pantalon de pijama y lo suficientemente cansadita como para haberle rechazado a Alba iamsogreat una cerveza, una llamada telefónica me pilló con la guardia baja… y dije que sí a lo que no debía.
(móvil que suena, es desde el de mi tía)
- Hola tía, dime.
- No, soy tu prima. Jijijijiji. ¿Estás muy apurada ahora? Jijijiji (más jijijis de fondo de sus amigas en pre-edad del pavo)
- No. Acabo de cenar ahora mismo y no voy a ningún lado. ¿Qué quieres? (yo sabía que algo ocultaba, aunque no me imaginaba eso)
- Jijijiji. Es que… A le dijo a B que me pidiera que lo llamase por teléfono. Y antes lo llamé, descolgó, jijijijiji, le dije que yo era N y jijiji, colgué porque no podía decir más. Jijijijijijijijijiji
- ¿Quién es A?
- Uno de mi clase, da igual. Jijijijijiji. ¿Qué hago? Jijijiji.
- (hago de consultorio sentimental para niñas de 12 años lo mejor que puedo, ¿vale?) Pues para empezar, dejas de reirte como si estuvieras tonta. Luego, lo vuelves a llamar. Le dices que eres N, que tu madre se acaba de cambiar de móvil y te confundiste al darle a una tecla, así que cortaste sin querer. Y le preguntas que para qué quería hablar contigo. Ya está.
- Jijijijiji. Oyeeeeeeee, ¿me puedes traer mañana la Superpop, que hoy se me olvidó comprarla? Jijijijiji.
- Sí, sí, lo que sea.
Cuelgo. Reflexiono sobre las consecuencias de mi última respuesta. ¡MIERDA! ¡QUE MAÑANA TENGO QUE ENTRAR A UN KIOSKO A COMPRAR LA SUPERPOP! La vergüenza del día siguiente se cierne sobre mí. Mientras desayuno, trazo un plan. Con sus lagunillas, eso sí. La instrucción número uno es: bajo ningún concepto comprarla en un kiosko de mi barrio. La número dos: llevar bolso grande para ocultarla lo antes posible. Me encamino hacia la casa del niño al que le doy clase (de la quinta de mi encantandora y superpopera prima N) y, de la que voy, me encuentro un kiosko de bruces. Decido que voy a tener que pasar el mal trago antes o después, así que me planto en la entrada como mirando las revistas de afuera.
Mientras, reflexiono sobre cómo voy a entrar. Tengo que dejar claro que no me voy a comprar ESO para mí. Y que es contra mi voluntad. Me llego a plantear decirle al kioskero:
- Dame la… eeeeh, espera un segundo. (miro un sms ficticio en el móvil) La Superpop esa.
Descarto ese plan por tonto y porque el kioskero ya me ha visto mirando el móvil fuera, sería de tontos volver a mirarlo dentro. Al menos he hecho una cosa bien: escoger un kiosko pequeñito y esperar a que salga la persona que había delante de mí. Bueno, y rezar para que no entrase nadie detrás. En caso contrario, ya me imaginaba como en esas famosas escenas de película/serie en las que un jovencito va a comprar un paquete de condones a la farmacia y, encontrandosela llena, va dejando colarse a unas 30 personas. Cuando no tiene más remedio que llegar al mostrador, le dice bajito al farmacéutico: “Dame mmm…. un paquete de Durex”. En ese momento, el farmacéutico, inseguro sobre sus existencias, le bocea a su compañero en la rebotica: “MANOOOOLOOOOOOO, ¿¿¿nos quedan cajas de Durex??? ¡¡¡SÍ HOMBREEEEEEEE, LAS DE CONDONES!!!”
Pues amigos míos, yo me imaginaba una escena similar, pero en mi compra kioskera. Imagináos,según entra un tropel de clientes, el grito de: “MANOOOOOLOOOO, MIRA A VER EN EL ESCAPARATE SI NOS QUEDA LA SUPERPOOOOOOOP, QUE ESTA CHICA LA QUIEREEEEEE”
Al final, mi épica compra terminó con tartamudeos simulando que no me acordaba del nombre de la revista, en plan: “Dame… eeeeeeeh, la… la Superpop. Si es que me mandan a comprar cosas y luego se me olvidan. Jijijiji”. Mi vergüenza en ese momento era de tal calibre que con tal de alejar a mi persona de la compra de semejante engendro traumatiza-adolescentes, estaba dispuesta a poner como excusa que un extraterrestre me había abducido o algo en plan: “No soy yo: es un holograma”
Pero mi aventura superpopera no quedó ahí. Que va. Aún faltaba la guinda del pastel. Salgo del kiosko disparada, con tanto ímpetu que se me olvida guardar la revista en el bolso. Llego a casa de mi alumno, dejo la revista tal cual encima de la mesa, me pongo a corregir sus deberes y él la ve. Se le desorbitan los ojos y siento que, o le aclaro el tema, o no volverá a creer nada que le diga sobre el inglés (como para fiarse de alguien que en cuarto de carrera aún compra la Superpop)
- “No estoy chiflada. En serio. Ayer me llamó mi prima para que se la comprase y…” (miro por primera vez la portada desde que salí con apuro del kiosko) “Uuuh. ¿Cómo puede haber degenerado esta revista así? Buuuh, que horterada… No se la compro más, a ver si se me traumatiza.Buuuh”


Ojo al titular “chicos contra chicas: así nos lo montamos en el baño” - literal


Posted by la_filologa :: 9:36 p. m. :: 6 Comments:

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viernes, junio 16, 2006

Enamoramientos absurdos III: el taitantos y el desconocido de todos los días

Como ya os había contado, mis crisis de stress derivan hacía la creación de enamoramientos tontos a más no poder, a la par que muy poco duraderos en un universo alternativo chupi-guay-de-piruleta. Y, en pleno periódo de exámenes, no podía faltar un pequeño añadido a la ya empezada clasificación.
Empecemos con algo que nos ha pasado a todas alguna vez en la vida: el desconocido de todos los días. Se trata de ese chico con el que compartes transporte público mañana tras mañana, mes tras mes y que te alegra tantísimo el camino al matadero digo… lugar de estudios o trabajo. La pena es que sólo te acuerdas de él cuando estás montaba en el bus y lo ves abajo ya esperando. Te das un auto-repaso todo lo buenamente que puedes - que tampoco llevas espejo. Desearías haber ido a la peluquería el día anterior para que, cuando él vaya buscando sitio, dar, como que no quiere la cosa, un golpe de melena al más puro estilo de los ángeles de Sunsilk. Como eso ya no va a ocurrir, intentas concentrarte en lo factible: te frotas los ojos con la esperanza de que, al menos, no tengas legañas. Y, ante todo, confias ciegamente en que él, que está perfecto, estupendo, maravilloso y segurísimo que no tiene legañas, haya visto La Bella y la Bestia de pequeño y el mensaje le haya calado. Porque no nos engañemos, recién levantada y tras frotarte los ojos, no estás en el momento más sexy de la historia. Y él SIEMPRE te ve así.
En segundo (y último, por hoy) lugar tenemos a otro clásico de los enamoramientos absurdos: el “tienes taitantos, pero contigo podría hacer una excepción”. Ahí están todos esos hombres que, por edad, no están en nuestra franja normal de gusto, pero tienen un nosequé que queseyó que hace que te dé completamente igual. Hay a quien le ocurre ésto en la vida real, pero ya sabeis que para que yo incluya algo entre mis “enamoramientos absurdos” tiene que tratarse de un asunto completamente imaginario, estúpido y meramente irreal. Así que ahí va lo mío (quizá algunos lo veaís como una sub-categoría dentro del “enamoramiento catódico“, pero yo creo que se merece una categoría aparte): últimamente he descubierto y, para mi sorpresa, me he reafirmado en que me pone Julio Salinas. Sí, sí, así, como suena. El otro día apareció haciendo un monólogo en El Club de Flo en La Sexta que, por cierto, fue bastante malo: parecía el de bricomanía improvisando un armario. Encima, va a pillarme el marrón del mundial en medio de esta pasión recién descubierta, y con él de comentarista. En fin, que entre tener de fondo esa voz tan masculina, con ese acento del norte y eso de que durante el primer partido recordara su época en el Sporting, decidí que mejor los veo en cuatro. Porque me desconcentra del partido y, ya veis que tontería, con Maradona no tengo ese problemilla. Julito Salinas, joder. QUÉ FUERTE.
Posted by la_filologa :: 9:32 p. m. :: 4 Comments:

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martes, junio 13, 2006

Mi primer partido con la Selección (y ojalá que haya sido el último)

Animada por el Mundial y todas las horas de fútbol y más fútbol que lleva a nuestras vidas, os voy a contar la aventura de mi primera y (ya veréis por qué) ojalá última aventura siguiendo a la selección en directo. Y es que, por mucho exámen que tenga, estos días me ponen de buen humor. ¿Cómo no van a hacerlo? Un mes durante el cual la programación televisiva deja de estar poseída por tomates y anarosas 24 horas al día para dejar sitio a Zidanes y Ronaldinhos, Gerrards y Ballacks, Drogbas y Shevchenkos, Didas y Dios-mío-aún-sigue-ahí Barthezs.
Antes de nada y, a riesgo de que alguien se moleste, diré que a mí la Selección española ni fu, ni fa. Que si ganan, bien, pues me alegro por ellos, que les aproveche. Tampoco me voy a echar a la calle a celebrarlo. Ni tampoco cuando pierden. Lo dicho, que ni fu, ni fa. Que me parece genial que haya gente a la que le haga mucha ilusión, pero yo ser, ser; lo que se dice ser, soy del Sporting. Y me niego a que nadie intente convencerme de que tengo que sentir lo mismo con la selección que con un equipo al que llevo más de 10 años viendo todos los domingos, con jugadores que han debutado, madurado y hasta se han jubilado delante de mis narices. No es lo mismo, que diría Alejandro Sanz. Que ese rollito de estar unidos tras unos colores, en plan “todos contra el fuego” está muy bien en teoría. Pero yo no acabo de verme animando a Torres. No.
En fin: al grano, que ya me estoy yendo por las ramas. Después de 8 “añitos en el infierno”, cualquier oportunidad de ver fútbol de primera es buena. Démonos cuenta que a la inmensa mayoría de futbolistas que están hoy en activo en primera división no los he visto jugar en directo en mi vida. Así que, cuando hace dos años anunciaron que la Selección jugaría un amistoso en el Molinón, me lancé a por la entrada: por fin iba a ver a mis jugadores favoritos de Primera. Me las prometía muy felices hasta que las cosas empezaron a torcerse irremisiblemente. Comenzó con lo de mi padre, que decidió que estaba muy cansado para ir a un partido entre semana a esas horas, que fuese conmigo mi madre. Luego salió la convocatoria: el primer cabreo fue la ausencia de Villa. Con Puyol lesionado, Yeste y Xavi missing, Del Horno en las mismas y no sé cuantas contrariedades más, aún mantuve la esperanza. Me dije a mí misma que, por muy mal que fueran las cosas, al menos vería jugar juntos, aunque fuesen sólo 10 minutos, a Valerón y Xabi Alonso y eso compensaría. Saez convoca a 23 jugadores. 22 jugarán y sólo uno se irá a la grada. ¿Adivináis quién? Efectivamente, Valerón.
Aún así, yo soy una chica decidida y no dudé en plantarme en mi asiento en la Grada Este dispuesta a pasármelo bien. Desgraciadamente, no contaba con la gente de alrededor. De delante, en concreto. Allí se situaron estratégicamente dos adolescentes histéricas con más potencia vocal que Camilo Sexto en sus buenos momentos y un concepto muy raro del partido. Los 90 minutos, ESOS HORRIBLES 90 MINUTOS transcurrieron entre gritos de (y cito literalmente- cómo para olvidarse del expectáculo):
- “¡¡¡¡IIIIIKER, IIIIIIIIIIIIIIIKEEEEEEEEEEEER, IIIIIIIIIIIIIIIIIIKEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEERRRR!!!!” Sí, nena, sí. Eres capaz de recordar su nombre y gritarlo a la máxima potencia. Bien es verdad que podrías caer en la cuenta que en estos momentos quien juega es Cañizares. Ikeeeer-IIIIkeeeer está sentado en el banquillo en la otra punta del campo. Y no. No te va a oir.
- “Morieeeeeeeeenteeeeeeees, quédate quieto que te voy a sacar una fotooooooo.” Dí que sí, hija, para qué van a andar con prisas a la hora de sacar córners cuando éso podría provocar que tú te quedes con una foto menos para la pared de la habitación.
- “TOOOOOOOOOOOORREEEEEEEEEEES, TOOOOOOOOOOORREEEEEES, TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOORREEEEEES”. Bien. A esta chica alguien le tiene que explicar que si eres del Madrid (porque yo diría que era del Madrid claramente), no te puede gustar uno del Atletico. Es contra natura. Una cochinada, vamos. Por el amor de Dios, ¿te imaginas que a mí me gustara un jugador del Oviedo? Agh. Que alguien le cuente de qué va este deporte antes de que ella y sus hormonas hagan más el ridículo.
Y la que he dejado para la última por su originalidad, por su planteamiento surrealista, por la inspiración que le llegó en ese momento:
-”MIIIICHEL, MIIICHEL, ¡¡¡¡QUIERO LA CAMISETA DE TOOORREEES!!!!” Venga, a ver, vamos a analizarla despacio: Michel, Michel, quiero la camiseta de Torres. Cágate, lorito. Seamos conscientes de que a Michel Salgado ya posiblemente una mierda le importaría que quisiera la suya propia, le va a importar que quiera la de Torres. Y, ¿a cuénto de qué a Michel? Yo lo habría entendido medianamente si le hubiera pedido una camiseta de otro del Madrid, pero, ¿de Torres? No doy crédito. Que no.
En medio de semejante película de terror me hallaba yo, inocente victima que había ido allí a ver un partido de fútbol calladita y tranquila, cuando Saez LO HIZO nada más empezar el segundo tiempo: quitó a Xabi Alonso. Ý según salía del campo, yo veía la luz y me decía a mí misma en silencio (claro, si lo hubiera dicho en alto, la adolescente hiper-hormonada no me habría dejado oirme): “HAS PAGADO 20 EUROS POR VER JUGAR A GUTI. A GUTI. ¿Cómo se te queda el cuerpo?” Que no será mucho, pero bien que me hubiesen venido para salir ese fin de semana o ir al cine o ahorrarlos, oye, que poquito a poco, algo se consigue. Y reflexionando sobre eso me iba hundiendo poco a poco en el asiento, entre Gutis, hormonas, alaridos y Valerones perdidos en algún lugar de la grada. Entonces decidí que NUNCA MAIS. Así sea.
Posted by la_filologa :: 9:26 p. m. :: 6 Comments:

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miércoles, junio 07, 2006

De patitos y amigas famosas

Ele Punto Ge Punto es famosa. No entre los lectores de este humilde blog (que también), sino ya a nivel popular. Casi todos vosotros aún no habréis tenido la opción de verla, pero de lo suyo estos días al Tour de Francia hay, vamos, un paso. Los afortunados televidentes de etb han podido observar a la chica sonrisa va, sonrisa viene, entregando ramos de flores y besos a montón en los podios de la Euskal bizikleta. Y no te creas que a cualquiera, que va, que va. Me notifica, emocionada, que entre los últimos estuvo un ciclista -y cito literalmente- “con un culo monísimo”. Pues estupendo, qué os voy a decir. Te pagan y te alegras la vista, todo en uno.
Y no os extrañeis de lo que os digo sobre su salto al Tour de Francia, que la Euskal bizikleta no es cualquier cosa. Ya me lo decía Ele Punto Ge cuando un día paseabamos hiper-mega-cargadísimas por los alrededores de la ría de Bilbao “Es que en Euskadi, el ciclismo… es una cosa muy grande”. Así que ella habrá estado en una vuelta pequeña, pero con muchísimo sentimiento, oye.
La pena es que, como os comentaba, no he podido verla, aunque ella se empeñase en que lo que pasa es que no le hago caso:
-”¿A que no me has visto en la tele? Con lo que he chupao cámara, venga a salir todos estos días”
-”¿Qué quieres que haga, si no lo puedo ver?. Aquí no lo ponen”
-”Sí que puedes, lo que pasa que no te da la gana”
-”Que no puedo”
-”Claro que sí.”
-”Que no puedo, que aquí no se coge la etb”
-”¿Cómo que no, si tu en tu casa tienes una mega-antena que coge de todo?”
-”QUE NO COJO LA ETB, COPÓN. No te empeñes”
Que yo la comprendo, ¿eh? Que por una parte está lo de salir en la tele, que no pasa todos los días y es una emoción. Y quieres que te vea todo el mundo, joer, que ya ni distingues los impedimentos físicos que puedan tener. Y, por otro está que una bizkaina es una bizkaina y , como se creen que Bilbao tiene los mismos límites que la Vía Láctea, es lógico: en Xixón se tiene que ver la etb por narices. Razonamiento por una simple regla de tres, oye.
Bueno, Ele Punto Ge, he aquí tu post con mención a tu recién adquirida fama y… mmm, ¿qué era lo otro? Jo, tenía que decirte otra cosa… ¿qué sería, qué sería?
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¡¡¡FELICES DOS PATITOS PEDORRA!!!(aunque sea con unas horas de retraso)


Posted by la_filologa :: 9:20 p. m. :: 4 Comments:

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viernes, junio 02, 2006

Aprobeition y pfffffs mentales

Que sí, que sí, que SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII……… Que he aprobado la asignatura del Profe Malvado. Alba happy y Alba iamsogreat también. Bueno, y además alguna otra que… no nos cae tan simpática. Pero da igual, hoy tengo el día alegre, así que os voy a ilustrar con frases variadas de profes, amigos y compañeros recogidas en mi agenda de 4º de la ESO.
(PROFES)
“Por favor, ¿puedes dejar de masticar ese bolígrafo?”
“No te oigo nada entre que no se te entiende, que no te oigo y que no te callas”
(tras expulsar a alguien de clase) “Cuando se te pase el ataque píjico, puedes volver”
“Grecia está rodeada de Grecia. Sí, bueno, de islitas”
“Hombre, mujer o persona”
“El otro día mandé, simplemente, Jessica, lo que mandé. Simplemente, Jessica” (buena táctica cuando uno no se acuerda de lo que mandó)
“Alfonso, hoy estás un poco folclórica”
(ALUMNOS)
“Estoy pegada a mí y no se me quita”
“Dije que no llegué a dejir, dijo, dije, dizo… Joder, no sé pronunciar la jota”
“Ensayado todavía no lo tenemos. Pero yo ya tengo la visión vista”
“Las uvas vienen del vino” (y la harina del pan, dí que sí, chato)
“Hizo un ayuno de hambre” (¡ésta es mía!)
“Este mechero no escribe”
“La resistencia de Finlandia era que por el norte resistían y por el sur… también”
“4+4+4+4=20″
(25 de diciembre, por la tarde, en una discoteca- sí, con alcohol de por medio, claro)
-”¡Qué guay! ¡Hoy nació el niño Jesús!”
-”¡Qué dices! ¡Si nació el uno de enero”
“Las futurólogas utilizan la bola del mundo para predecir el futuro” Cristina, mundial
“Chian, ¿ahí dice chian? No, es chien. Dice chian” (en nuestro cuarto año de francés, aún no sabíamos decir ni perro)
“Inés, te voy a dar una ostia que os parto la cara a todas”
“Te quiero al mundo más que a nada”
Posted by la_filologa :: 9:14 p. m. :: 5 Comments:

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