Diario de una filóloga arrepentida

martes, febrero 28, 2006

Soltera y torpe en la vida

El viernes perpetré mi exámen de Lengua Inglesa, que se saldó con un desolador paisaje a la salida que se componía de las siguientes secciones: alumnos mirando a una velocidad casi psicótica el libro de vocabulario, risas nerviosas acompañadas del clásico: “Bueno, pues si hay que ir con todo a junio, se va”, contraste histérico entre varios individuos de las respectivas respuestas con el hilarante resultado de que no hay dos iguales y hasta alguna lágrima (not me, of course). Bueno, ¿qué puede esperar uno cuando pregunta a sus alumnos como se llama el sonido que hacen las hojas cuando la brisa las mueve suavemente? Teníamos aproximadamente unas 3000 palabras y expresiones para estudiar y una de las elegidas fue EL PUTO SONIDO DE LAS HOJITAS. ¿A quién le importa cómo se llame eso? Ni siquiera sé si tiene nombre en español, cómo voy a saberlo en inglés.
Afortunadamente, el fin de semana no quedó ahí. Con una velocidad por la que palidecería de envidia Martin Fiz, llegué a casa, me duché, hice la maleta, comí y hasta me sobró un poco de tiempo antes de coger el bus a Bilbao. Los detalles del viaje irán en otro post, o éste sería eterno. Hoy sólo narraré dos momentos clave.
Nos situamos 24 horas DCEE (después de cagada en exámen), con Laura y yo removiendo el colacao con la mirada perdida en el infinito. De repente llega su tía y tras presentaciones y breve conversación con su madre, hay una conclusión inmediata: “esta chica tan guapa y tan maja y buena estudiante y tan todo, para Maikel (el primo de Laura, vaya)”. Oye, que sea por la razón que sea, que a una le digan guapa cuando está con la cara lavada después de una noche de juerga y varias de estudio y mientras revuelve el colacao… eso sube la moral lo mires como lo mires. Y no veas que despliegue de medios, sacando el ordenador portátil y venga a enseñarme fotos. Así que parece que vamos a emparentar y ella pasará de ser mi amiga Laura a mi prima Laura. Creo que está todo arreglado, menos el chico… que no lo sabe. Yo, de momento, y así en la distancia y el desconocimiento mutuo, no protesto, porque no me pilla muy a mano, pero está buenorro, osea… que se ve que es muy simpático y muy agradable y demás. Y, sobre todo, estoy segura de que no le importarán mis vergonzantes lagunas de conocimiento sobre los sonidos de las hojas en inglés (o eso espero.)
Domingo. Cafetería de la estación de autobuses de Bilbao. Lluvia. Frío. Maletón que me estorba mucho. Demasiado tiempo por delante como para esperar a la intemperie. Nos pedimos un café y un colacao y cuando Laura se disponía a llevar el suyo a la mesa… quemaba y se cayó. Pero se cayó todo, todo y por todos lados. A mi me había pasado algo parecido hace poco tomando un café con Alba, pero había sido menos expectacular. ¿Y qué pasa cuando te descojonas porque tu amiga tiene un momento muy torpe (da igual que tu amiga se descojone también con ello)? Pues que tarde o temprano (y más bien temprano), tú harás una peor. Me subo en el Alsa, me dan los cascos, me dispongo a escuchar la radio y me da por bajar la dichosa bandejita. No sé por qué. Porque sí, porque no tenía otra cosa que hacer, yo que sé. Se resistía, pero ya había ido en un bus supra más veces, así que me dije a mí misma: “un poco más fuerte, estará atascado”. CRACK hizo. Un crack demasiado alto, diría yo. De todas formas, como no llevaba a nadie justo al lado y la azafata estaba lejos, supongo que no se enteró medio autocar. El resto del viaje (3 horas 45 minutos), convertido en un rosario de posturas inverosímiles para poder dormir sin que la bandeja se cayera hacia adelante de forma que se notara que estaba evidentemente rota. Desde Santander hasta Gijón maquinando cómo levantarme a coger mi bolsita de galletas sin que la azafata viera la que había montado. Al final me las arreglé para cogerlas de forma muy poco disimulada, así que todo el resto de los pasajeros que bajaron en Gijón debieron verlo. Salí como alma que lleva el diablo a por mi bolsa de deporte y, en una especie de deja-vu de mi carrera del viernes por llegar a tiempo a casa para hacer la maleta, me pegué un buen sprint maleta en mano hasta la parada de taxis. Si algún día escribo mis memorias, dedicaré un apartado en exclusiva a momentos vergonzosos como este. ¿Por qué en las memorias va a estar sólo lo bueno? Si es lo menos divertido de todo…
Posted by la_filologa :: 11:17 a. m. :: 2 Comments:

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lunes, febrero 27, 2006

A ver, a ver...

Me hizo gracia el post de Alba con su “probando, probando” y, ya ves, aquí estoy yo haciendo lo mismo. En fin, que mi puta mierd eeh… anterior proveedor de espacio para el blog lleva una semana sin funcionar. Y pase que yo me pase una semana entera sin escribir porque no me apetezca, pero porque no me deje la paginita… ¡eso sí que no! Es como lo que dijo mi madre justo antes de que se marcharan a Madrid: “Tú descongela y come lo que quieras, pero no se te ocurra ponerte a freir nada, que eres un desastre”. Nunca había sentido semejantes ganas de freir algo. Bueno, que le voy a dar a “guardar” y que sea lo que Dios quiera… Probando, uno, dos, probaaaando
Posted by la_filologa :: 10:27 p. m. :: 5 Comments:

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