Diario de una filóloga arrepentida

martes, febrero 26, 2008

A dónde mira El Principín y otras cuestiones de interés.

Retomando el final del último post...
Si La Vane mira a El Principín, Menganita mira a El Principín y las de delante miran a El Principín, y él no las mira a ellas, ¿a dónde mira El Principín? Pensad mal y acertaréis. Pensad, de hecho, en la peor opción posible y acertaréis. El Principín mira... a las chicas de prácticas. Vamos, a nosotras.

Resulta que El Principín y Menganita se sientan muy cerca de nosotras. Al empezar las clases, veíamos que él solía girarse cuando sus compañeros decían alguna tontería, nos miraba a nosotras, nos hacía un gesto como de "¡Qué chorradas tienen estos!" y se reía. Y es que creemos que El Principín quería comprobar que éramos chicas con sentido del humor y nos hacían gracia las coñas adolescentes. Veréis, El Principín, quitando incidentes con elementos de cuidado menstrual de sus compañeras (ver post anterior), suele actuar de forma bastante más madura que sus compañeros. A ver, madura dentro de lo maduro que puede ser un niño de 15 años. De hecho, hasta el famoso incidente de aquel día, lo habíamos calificado como el más normal de todos los de ese grupo de tercero.

La otra mañana, camino de casa, reflexionábamos sobre las cosas que os conté en el anterior post. Mi compi opina que lo que le pasa al chico es que le gusta eso gustarles a las chicas mucho, mucho. Así que, aunque es más que probable que no haya nada con ninguna, pastelea lo que puede y un poco más de vez en cuando porque ser el sex-symbol del aula debe ser algo muy tentador. El caso es que, hablando de ello, se me vino a la mente la mítica imagen de El Principín, mirando hacia nosotras, sonrisa profident en cara. Y empecé a asociar, sonrisa-pasteleo-Principín-Principín-sonrisa-pasteleo. Y ahí me vino la revelación, en medio del autobús, que se me hizo un halo de luz blanca y refulgente sobre la cabeza que poco más y deslumbro a la conductora y nos vamos todos a tomar por el saco en una rotonda. El caso es que, viendo a cámara lenta la sonrisita de El Principín, me hice las siguientes preguntas:

¿Es así como sonríen los niños de su edad a los que les doy clases particulares cuando les digo que no hay deberes? NO.
¿Es así como sonríen sus compañeros de clase cuando les hace gracia algo? NO.
¿Es así como la sonrisa de Joey en Friends, cuando decía aquello de "Cómo va eso..."? SI.

¿Aterrador, o qué? Ay, Principín, Principín, vale que las de tu clase estén todavía a media cocción y eso es algo que no puede ocultar ni La Vane con su kilo y medio de maquillaje a cuestas. Vale que tú seas un poco mayor y ya no estés exáctamente en la misma onda de las gracias de tus compañeros. Vale que a mi me hayan confundido (¡¡tres veces ya!!) con una alumna de tu instituto. Vale que la serie esa nueva adolescente-culebronesca os deje un trauma en relación al tema. Pero, Principín, hazte a la idea, lo más cerca que tú y yo podemos estar es si se cumple el malvado objetivo que tengo tal que desde la segunda semana de clase: casarte con mi prima N. No inmediatamente, claro. Sobre lo nuestro, siento comunicarte que es imposible y, en su lugar, tendrás que esperar pacientemente a que a las niñas de tu clase les salgan tetas. O, bueno, investigar en el B, el C o el D, a ver si hay alguna chica de tu gusto.

Antes de terminar la entrada, os dejo tres datos reveladores de última hora:

Posted by la_filologa :: 7:52 p. m. :: 13 Comments:

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